El Cubismo de Erik Satie nasceu como uma tese de mestrado e agora tem a ambição de tornar-se um livro. Sua missão é tão curiosa quanto desafiadora: comprovar que existe uma relação entre o cubismo de Pablo Picasso e Georges Braque e a obra musical do compositor francês. Eles foram contemporâneos, amigos e trabalharam juntos. Mas a proximidade entre os artistas vai muito além disso. Nestes escritos, enumero mais de dez pontos de contato entre as obras pictóricas e musicais. O tema das correspondência das artes está bastante em voga no meio acadêmico, especialmente na França. Contudo, uma relação tão direta e aprofundada entre o cubismo e o fazer artístico de Erik Satie nunca havia sido feita. O ineditismo, portanto, é uma marca deste trabalho. Uma vasta bibliografia de naturezas historiográfica, técnica e filosófica permitiu fundamentar todas as conclusões. Para uma ideia mais clara dos temas tratados, apresento-lhes a Introdução deste trabalho, além da capa deste projeto que foi feito à custa de muita pesquisa, carinho e dedicação.

El Cubismo de E Satie

 INTRODUCCIÓN

La consciencia de una correspondencia entre las artes ha emergido en varios momentos de la historia. El poeta romano Horacio ya reflexionaba sobre el acercamiento de los lenguajes artísticos, planteándose que pintura y poesía compartían la experiencia estética del espectador. En el Renacimiento, el pintor Giuseppe Arcimboldo creó un sistema de equivalencias entre intensidades sonoras y una escala de colores para afianzar que música y pintura coexisten en el tiempo-espacio.

El anhelo de esfumar la línea que separa las artes se intensificó en la transición del siglo XIX al XX. Richard Wagner, inspirado en la fusión de música, teatro y artes visuales en la tragedia griega, traslada a sus operas el concepto de obra de arte total. Poetas como Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire tratan en sus escritos de una especie de parentesco entre las artes.

Sin embargo, más allá de asociar diferentes manifestaciones artísticas en un mismo, digamos, escenario, algunos artistas lograron no sólo dialogar con otros tipos de artes, sino compartir los mismos modus operandi de sus creaciones. Y será sobre las intersecciones de los lenguajes artísticos que trataremos en el presente trabajo, más específicamente sobre las relaciones entre los medios de expresión del compositor y pianista Erik Satie y de los cubistas Pablo Picasso y Georges Braque.

Lo que plantea este libro es que la estética de muchas de las obras de Satie se equipara a la estética del cubismo, universo dónde el pianista parece haberse proyectado intencionadamente en muchas ocasiones. Satie solía decir que los pintores le habían enseñado música mucho mejor que los músicos. Y daba las gracias a los cubistas por haberle enseñado el camino de la simplicidad clásica con sensibilidad moderna1.

Aunque en el viraje del siglo XIX hubiese un interés patente en acercar música y pintura, desde un punto de vista teórico los artistas visuales estaban más propensos a lanzarse en el universo sonoro que los músicos en el ámbito pictórico. Tal vez este sea el punto de mayor innovación de la creación satiniana: conseguir, con la música, “imitar al pincel en el espacio, al lápiz en el papel, al mimo en el escenario”2

Mucho se ha dicho sobre el intento de inscribir la pintura en el tiempo y la inserción de la temática musical en el cubismo. Sin embargo, la investigación de la música con vertientes cubistas no ha recibido el mismo tratamiento de los estudiosos.

La correspondencia de las artes, en términos generales, es un tema que está muy en boga. No obstante, es tan diverso y complejo que la estética comparada no lo termina de resolver. Comparar obras musicales y pictóricas es arriesgado, es atreverse en un terreno tan fértil como pantanoso.

En el caso de este trabajo, un factor ha añadido una dosis de riesgo: la idea de asociar la obra de Satie con el cubismo ha nacido de una percepción intuitiva, y no de un presupuesto teórico. Sin embargo, la intuición acabó encontrando amparo teórico – la lectura de una vasta bibliografía, de naturalezas historiográfica, técnica y filosófica, ha permitido fundamentar las conclusiones.

Emprender esta aventura no ha sido fácil. Muy pocos estudiosos han defendido categóricamente la existencia de una faceta cubista en la música de Satie. Entre los que se atreven a alguna comparación, la gran mayoría sondea algunos pocos puntos o se limita a razonamientos sobre la similitud entre el collage cubista y la inserción de sonidos extramusicales en piezas como la del ballet Parade. El hecho de que Satie haya trabajado con Picasso en esta obra es una de las principales asociaciones por parte de la mayoría de los autores que versan sobre Satie o sobre el diálogo entre la música y la pintura.

Es importante señalar que este trabajo no tiene, de ninguna manera, el objetivo de entrar en el mérito de la teoría y de la notación musical. Tampoco ambiciona hacer un “tratado” sobre el cubismo. Lo que pretende esta disertación es, a partir de un planteamiento empírico, proveer los argumentos que avalan los puntos de contacto entre el hacer artístico de Satie y de los cubistas.

Veremos, por lo tanto, que en sus obras Satie utiliza algunas de las principales características del cubismo: la figuración, la simplificación de las formas, la multiplicidad de puntos de vista y la simultaneidad, la fragmentación y la repetición, el contraste entre melodía y acompañamiento (análogo a la oposición frente x fondo), el rescate de elementos del pasado, la predilección por temas del cotidiano, el silencio, la ironía y, finalmente, el collage.

Es por la abundancia de puntos de contacto entre la obra del compositor y el cubismo que Satie puede ser considerado un músico con rasgos cubistas. Antes de entrar en el mérito del cubismo musical, el Capítulo 1 ubica al lector en el fin de siècle. La exuberancia de la belle epoquecontrastaba con los conflictos de una sociedad que se enfrentaba a un cambio de paradigmas y ya entrevía los interrogantes de la guerra. En medio de las incertidumbres, ciencia y arte buscaban nuevas formas de ver el mundo, nuevos lenguajes, abriendo, así, camino a la modernidad.

El Capítulo 2 trata del diálogo entre la música y las artes desde los puntos de vista histórico y filosófico. Además, expone tres eslabones que relacionan música y pintura y son esenciales para introducir el tema del cubismo de Erik Satie: Figura x Tema, Tonalidad x Perspectiva y Tiempo x Espacio.

Espina dorsal de la investigación, el Capítulo 3 se detiene en las intersecciones que permiten hablar de un cubismo musical. Con un gran número de referencias bibliográficas, el capítulo empieza por ubicar a Picasso, Braque y a Satie en su contexto histórico. Luego, trata de la relación entre éstos artistas, de cómo la música estuvo presente en el cubismo y, por otra parte, cómo el apelo visual de la música de Satie se acerca a la estética cubista – lo que refuta cualquier hipótesis de un impresionismo en el universo sonoro de este compositor.

En cada uno de los diez subcapítulos que exploran las semejanzas entre la música de Satie y la pintura cubista, existe una clara preocupación en explicar detalladamente los puntos del cubismo análogos a la obra satiniana. Por lo tanto, las similitudes fueron puestas lado a lado, haciendo, incluso, uso de imágenes de los cuadros cubistas.

Finalmente, el Capítulo 4 discurre sobre el trabajo que a ojos vistas aproxima Satie al cubismo: el ballet Parade, pensado, deliberadamente, para ser un espectáculo cubista. Fue en esta obra que Satie trabajó por primera vez con Picasso – la segunda oportunidad fue en el ballet Mercure.

Rechazado con exaltación en su época, la historia acabó confirmando Parade como un melting pot estético que permea todas las líneas de las vanguardias artísticas y de la pluridisciplinariedad. Satie desarrolla el tema de Parade con todos los matices que Picasso y Braque aplicaban en sus cuadros cubistas, utilizando todos los elementos expuestos en este trabajo.

Para concluir, El Cubismo de Erik Satie presenta una lista de referencias musicales y de imágenes que ayudan al lector a reconstruir la historia de un artista que, a pesar de ser visto como un compositor marginal, fue tan importante para la música como Picasso y Braque para la pintura. Con sus amigos pintores, Satie edificó las bases de la modernidad en las artes.

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1 En 1917, Satie escribió: “C’est un retour vers la simplicité classique, avec sensibilité moderne. Je dois ce retour – aux bons usages – à mes amis ‘cubistes’.  Qu’ils soient bénis!”

2 ARMENGAUD, Jean Pierre. Erik Satie: una biografía para piano. p. 19.

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